Un factor de riesgo aumenta la probabilidad de enfermar, pero no es una causa. Un médico explica la diferencia entre factores modificables y no modificables y cómo se usan en la prevención.
No todos los pacientes con los mismos factores de riesgo enferman. No todos los que no tienen factores de riesgo permanecen sanos. Y, sin embargo, los factores de riesgo son una de las herramientas más potentes de la medicina moderna: permiten identificar a quién es más vulnerable, intervenir antes de que aparezca la enfermedad y personalizar los planes de vigilancia. Comprender qué son —y qué no son— es fundamental para usarlos correctamente.
¿Qué es un factor de riesgo?
Un factor de riesgo es cualquier característica, condición o comportamiento que aumenta la probabilidad de que una persona desarrolle una determinada enfermedad. La definición técnica procede de la epidemiología: se habla de factor de riesgo cuando se demuestra, mediante estudios de población, que quien está expuesto a esa característica enferma con más frecuencia que quien no lo está.
Un punto decisivo que conviene aclarar de entrada: un factor de riesgo NO es una causa. Es una condición estadística que hace más probable un evento, pero no lo determina con certeza. Tener hipertensión arterial es un factor de riesgo de ictus, pero miles de personas hipertensas nunca sufrirán un ictus. No tener hipertensión reduce el riesgo, pero no lo elimina: también se producen ictus en personas con tensión normal. La relación entre el factor de riesgo y la enfermedad es probabilística, no determinista. La distinción entre factor de riesgo y causa está en el centro de la etiología, la rama de la medicina que estudia las causas de las enfermedades.
Conocer los propios factores de riesgo es la premisa para actuar sobre ellos, y la premisa de la prevención.
Factores de riesgo modificables y no modificables

La distinción más importante en medicina preventiva es la que separa los factores que podemos cambiar de los que no podemos cambiar.
Los factores de riesgo modificables son aquellos sobre los que la persona y la medicina pueden intervenir:
Tabaquismo: el factor de riesgo modificable más estudiado del mundo.
Sedentarismo: asociado a enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tumores.
Alimentación inadecuada: provoca exceso calórico, escaso aporte de fibra y exceso de sal y de grasas saturadas.
Obesidad: factor de riesgo independiente de enfermedades cardiovasculares, diabetes, artrosis y varios tumores.
Hipertensión arterial no tratada: factor de riesgo mayor de ictus, infarto e insuficiencia renal.
Hipercolesterolemia: en particular el LDL elevado en la enfermedad cardiovascular aterosclerótica.
Consumo excesivo de alcohol: daña el hígado y el sistema nervioso e induce algunos tumores.
Estrés crónico no gestionado: asociado a desregulación inmunológica y cardiovascular.
Los factores de riesgo no modificables son características biológicas y demográficas sobre las que no se puede intervenir:
Edad: el riesgo de casi todas las enfermedades crónico-degenerativas aumenta con la edad.
Sexo biológico: algunas enfermedades tienen una incidencia, una presentación y un pronóstico distintos en hombres y mujeres.
Etnia: algunas poblaciones presentan una predisposición genética diferente a ciertas enfermedades.
Antecedentes familiares: la historia familiar de una enfermedad aumenta el riesgo individual.
Predisposición genética: mutaciones específicas (BRCA1/2 para el cáncer de mama, mutaciones de enfermedades raras).
La medicina preventiva actúa sobre los factores modificables intentando reducirlos o eliminarlos. Vigila los factores no modificables para intensificar el seguimiento en las personas que los presentan.
¿Cómo se mide el riesgo? Conceptos clave
Los factores de riesgo no son equivalentes: algunos aumentan mucho el riesgo y otros muy poco. Para cuantificar este aumento se utilizan medidas estadísticas específicas.
El riesgo relativo (RR) expresa cuántas veces es más probable el evento en quien está expuesto al factor de riesgo respecto a quien no lo está. Una persona fumadora tiene un riesgo relativo de desarrollar cáncer de pulmón de 15 a 30 veces superior al de una persona no fumadora (RR 15-30). Es un efecto enorme. En comparación, la hipertensión aumenta el riesgo de ictus unas 3 o 4 veces (RR 3-4): relevante, pero muy inferior.
El riesgo absoluto es la probabilidad concreta de que una persona desarrolle la enfermedad en un periodo determinado. El riesgo relativo por sí solo puede inducir a error: un RR de 3 aplicado a una enfermedad que afecta a 1 persona de cada 10.000 da un riesgo absoluto todavía bajísimo (3 de cada 10.000). Un RR de 1,5 aplicado a una enfermedad que afecta a 1 de cada 10 da un riesgo absoluto mucho más relevante (1,5 de cada 10). En la comunicación clínica, el riesgo absoluto casi siempre es más útil que el riesgo relativo.
El NNH (Number Needed to Harm, número necesario para dañar) completa el cuadro: cuántas personas deben estar expuestas a un factor de riesgo para que una de ellas resulte perjudicada. Cuanto más bajo es, más peligroso es el factor.
Factores de riesgo en las principales enfermedades
Tres ejemplos concretos ilustran cómo se combinan los factores de riesgo en la práctica:
Enfermedades cardiovasculares: tabaquismo, hipertensión arterial, diabetes mellitus, dislipidemia (LDL elevado, HDL bajo), sedentarismo, obesidad abdominal y antecedentes familiares de eventos cardiovasculares precoces. Los sistemas de estratificación del riesgo como el SCORE2 integran estos factores para estimar el riesgo a 10 años.
Cáncer: tabaco (pulmón, vejiga, páncreas, laringe), alcohol (hígado, esófago, colon), VPH (cuello uterino, orofaringe), obesidad (colon, mama posmenopáusica, endometrio, riñón), exposición solar crónica (melanoma, carcinomas cutáneos) y amianto (mesotelioma). Para muchos tumores, los factores de riesgo son hoy la base de la prevención primaria.
Diabetes tipo 2: obesidad (sobre todo abdominal), sedentarismo, antecedentes familiares de primer grado, síndrome metabólico, prediabetes y algunas etnias. La gran mayoría de los factores de riesgo de la diabetes tipo 2 son modificables, lo que la convierte en una de las enfermedades crónicas más prevenibles.
SDRA (síndrome de dificultad respiratoria aguda): neumonía grave, sepsis, traumatismo torácico y aspiración de contenido gástrico. El LIPS Score (Lung Injury Prediction Score) cuantifica el riesgo de desarrollar SDRA en pacientes ingresados con estas condiciones, lo que permite intensificar la vigilancia preventiva.
Del conocimiento a la acción: el papel de la prevención
Conocer los factores de riesgo no sirve para preocuparse: sirve para actuar. Los factores modificables son la diana principal de la prevención primaria, la que interviene antes de que la enfermedad se desarrolle.
El diagnóstico precoz —prevención secundaria— es más eficaz cuando se sabe en quién concentrar el cribado: las personas con factores de riesgo no modificables (antecedentes familiares, edad, predisposición genética) son las que más se benefician de los programas de vigilancia periódica.
El médico no valora los factores de riesgo de forma aislada, sino en su combinación: la estratificación del riesgo integra varios factores para estimar la probabilidad de un evento (por ejemplo, infarto, ictus o cáncer) en un determinado periodo de tiempo. Esto permite personalizar las recomendaciones —desde la frecuencia de los cribados hasta la necesidad de un tratamiento farmacológico preventivo— según el perfil real del paciente.
En mi práctica clínica
En mi práctica clínica intento explicar a los pacientes que conocer los propios factores de riesgo no es una condena ni un juicio, sino una oportunidad. Quien conoce sus riesgos puede actuar sobre los modificables y vigilar con atención los que no puede cambiar. Es la diferencia entre padecer la propia biología y gestionarla de forma consciente.
Un paciente que fuma y tiene antecedentes familiares de infarto puede dejar de fumar: así elimina el factor de riesgo modificable más potente entre los cardiovasculares. Un paciente con BRCA1 positivo no puede cambiar su genoma, pero sí puede elegir un plan de vigilancia intensificada que cambia radicalmente el pronóstico en caso de cáncer.
Preguntas frecuentes
¿Tener un factor de riesgo significa que voy a enfermar?
No. Un factor de riesgo aumenta la probabilidad de enfermar, pero no la certeza. Millones de personas fumadoras no desarrollan cáncer de pulmón. No tener factores de riesgo tampoco garantiza una protección absoluta. El riesgo siempre es probabilístico, nunca determinista.
¿Cuáles son los principales factores de riesgo cardiovascular?
Los principales factores de riesgo cardiovascular modificables son: tabaquismo, hipertensión arterial, diabetes mellitus, hipercolesterolemia (sobre todo LDL elevado), sedentarismo, obesidad abdominal y alimentación inadecuada. Los no modificables principales son: la edad (más de 45 años en los hombres, más de 55 en las mujeres), el sexo masculino y los antecedentes familiares de eventos cardiovasculares precoces (padre o hermano antes de los 55 años, madre o hermana antes de los 65 años).
¿Los factores de riesgo son hereditarios?
Algunos sí y otros no. Los antecedentes familiares y las predisposiciones genéticas (por ejemplo, la hipercolesterolemia familiar o las mutaciones BRCA) son hereditarios. La mayoría de los factores de riesgo modificables —tabaquismo, sedentarismo, alimentación, obesidad— no están determinados genéticamente, aunque existen predisposiciones genéticas que influyen en el peso, el metabolismo y la respuesta al estrés. Esto no reduce la responsabilidad individual en la gestión de los factores modificables.
Dr. Marco De Nardin
Médico Cirujano, Especialista en Anestesiología, Cuidados Intensivos y Tratamiento del Dolor
El Dr. Marco De Nardin es médico especialista en Anestesiología, Cuidados Intensivos y Tratamiento del Dolor. Completó su formación médica y especialización en Italia, donde continúa ejerciendo en sus clínicas privadas de Mestre (Venecia) y Milán. Con una amplia experiencia clínica adquirida entre quirófanos, unidades de cuidados intensivos y consultas de dolor, el Dr. De Nardin aporta una perspectiva única que conecta la medicina de agudos con el manejo de patologías crónicas. Su práctica clínica se centra en la anestesia locorregional, la ozonoterapia, la terapia infusional intravenosa y los enfoques integrativos del tratamiento del dolor. Es el fundador de Med4Care, una plataforma de información médica que ofrece contenidos sanitarios basados en la evidencia y revisados por médicos en activo. Cada artículo publicado bajo su nombre refleja su compromiso de hacer accesibles al paciente temas médicos complejos, sin sacrificar el rigor científico.


